Javier Vázquez. En los matorrales de bambú (Chusquea) que cubren los bosques nublados del sur de Ecuador, un equipo de investigadores de la UTPL, liderado por Paul Székely junto a Diego Armijos, Leonardo Ordóñez y Diana Székely, ha descrito oficialmente tres nuevas especies de ranas terrestres del género Pristimantis: P. chusquea, P. translucidus y P. oculolineatus.

Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista científica Zoological Journal of the Linnean Society, va encajando piezas dentro del puzzle evolutivo. Estas poblaciones que anteriormente se confundían con la especie Pristimantis atratus, ahora tienen nombre propio y son consideradas especies distintas con linajes evolutivos propios.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es su especialización extrema. A diferencia de otras ranas que usan las plantas como refugio temporal, estas especies muestran una fuerte dependencia hacia el bambú. Su camuflaje es tan sofisticado que no solo imitan el color, sino que su piel presenta numerosas crestas dérmicas que replican la textura y las venas de las hojas secas de Chusquea.

Como curiosidad, estas ranas de la vertiente oriental de los Andes han desarrollado rasgos físicos casi idénticos a los de especies de la vertiente occidental (como la Pristimantis yumbo), a pesar de pertenecer a linajes genéticos distintos. La naturaleza, ante el mismo desafío ecológico, implementó la misma solución dos veces, lo que se conoce como “evolución paralela”.

Este trabajo de investigación se realizó gracias al apoyo financiero de Naturaleza y Cultura Internacional y Rainforest Trust, así como el apoyo logístico de Fundación Jocotoco.


Un ejemplar macho de Pristimantis chusquea posa sobre una hoja seca de bambú en el Abra de Zamora. Su coloración dorsal y las crestas bajas de su piel copian la textura de la hoja, un mimetismo esencial para su supervivencia en este microhábitat específico. 


Vista de los matorrales de Chusquea en los ecosistemas montanos del sur. Estos parches de vegetación son microhábitats que albergan una biodiversidad específica y, hasta ahora, desconocida para la ciencia. 


Primer plano de Pristimantis oculolineatus. Esta especie, que habita en zonas más altas como el Parque Nacional Yacuri, se distingue fácilmente por su iris blanquecino marcado con reticulaciones o rayas oscuras, rasgo que le da su nombre científico (“ojos rayados”). 


Detalle de Pristimantis translucidus, hallada en la Reserva Tapichalaca. Su nombre hace honor a su saco vocal (la membrana en la garganta), que a diferencia de sus parientes, carece de pigmento y es translúcido, una característica clave para diferenciarla de otras especies similares.