La biodiversidad de Ecuador enfrenta un desafío crítico por los incendios forestales en Loja, que amenazan a la vizcacha ecuatoriana, especie endémica recientemente descrita por la ciencia. En esta entrevista, Jimmy Japón, estudiante de la UTPL y brigadista comunitario, comparte cómo su proyecto de conservación, respaldado internacionalmente, protege el hábitat de este roedor mediante cortafuegos y la articulación entre academia, autoridades y comunidades.

Javier Vázquez. La conservación de la biodiversidad en Ecuador enfrenta uno de sus mayores desafíos ante los incendios forestales, una amenaza recurrente que pone en riesgo a especies endémicas en la provincia de Loja. Jimmy Japón, estudiante de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) y brigadista comunitario, lidera la implementación de cortafuegos para proteger el hábitat y en especial a una especie emblemática del sur del país, la vizcacha ecuatoriana. En esta entrevista, el joven investigador expone los desafíos de la especie, el valor del trabajo comunitario y la urgencia de integrar la conciencia ambiental en todas las disciplinas. 

Pregunta (P): El descubrimiento de la vizcacha ecuatoriana es reciente para la ciencia. ¿Cómo nació su interés por esta especie y de qué manera evolucionó hasta convertirse en un proyecto que tiene como objetivo protegerla de los incendios? 

Respuesta (R): La conocí cuando tenía nueve años en una montaña cerca de mi hogar. Para la ciencia, fue descrita oficialmente en el cerro Ahuaca en 2009. Resulta llamativo que pasara desapercibida tanto tiempo, aunque las comunidades locales ya la reconocían desde hace más de cuarenta años. Mi interés académico nació al ingresar a la UTPL, donde compartí la información con docentes e investigadores, quienes se entusiasmaron. Desde 2017, comenzamos a trabajar en líneas de base para entender su rol ecológico. Posteriormente, junto a organizaciones como Naturaleza y Cultura Internacional, nos enfocamos en la vizcacha para su conservación, delimitando áreas protegidas municipales en Espíndola y Quilanga.

P. ¿Cómo describe su vínculo con la UTPL y el trabajo realizado a través del Laboratorio de Ecología Tropical EcoSsLab?

R. Me considero un estudiante que ha sabido integrar su origen y vivencia rural con la formación científica de alto nivel. Este vínculo se ha fortalecido principalmente a través del Laboratorio de Ecología Tropical (EcoSsLab), donde colaboramos con grupos de investigación en zonas críticas como Quinara. El apoyo de la academia ha sido fundamental para que la protección de la vizcacha trascienda el ámbito teórico y se convierta en una intervención técnica y real en el territorio, permitiéndonos aplicar conocimientos especializados en ecología y regeneración para salvar a la especie.

P. Para quienes no están familiarizados, ¿cuáles son las características principales de la vizcacha y cómo es su comportamiento en el entorno natural? 

R. Es un roedor más emparentado con las ardillas que con los conejos. Habita exclusivamente en afloramientos rocosos y prefiere paredes verticales con orientación al occidente, llenas de grietas, ya que no son excavadoras. Su pelaje gris y moteado le permite mimetizarse con la roca. Es completamente herbívora y se alimenta principalmente de pastos nativos y arbustos. Para maximizar la absorción de nutrientes, realiza coprofagia, es decir, consume sus propias heces, dado que posee un estómago simple. Su actividad es mayormente nocturna. Viven en pequeños grupos familiares con una tasa reproductiva muy baja, ya que solo tienen una cría por año.

P. ¿Cuál es el estado actual de sus poblaciones tras los recientes incendios? 

R. La situación es alarmante. Su distribución es extremadamente restringida y ocupan apenas dieciséis peñones identificados. Las poblaciones son minúsculas; contrariamente a lo que se pensaba, hemos registrado núcleos de apenas cinco individuos y, en el mejor de los casos, diez. La frecuencia de incendios se intensificó a partir de 2016. En un sitio monitoreado antes del incendio de 2019 observamos cinco ejemplares; después, solo quedaban tres. Tras el evento de 2024, que consumió seis poblaciones completas, el número sigue decreciendo. Además, enfrentan riesgos por la inestabilidad del suelo, por lo que estamos evaluando técnicamente la translocación de los individuos en mayor peligro.

P. Su propuesta fue seleccionada a nivel internacional. ¿En qué consiste el proyecto y qué acciones concretas están implementando? 

R. El proyecto surgió como una respuesta emergente. Presenté la iniciativa “Contingency plan to mitigate the risk of forest fires in 8 habitats of the Ecuadorian viscacha during the dry seasons of 2025 and 2026” a la convocatoria mundial de proyectos de conservación respaldada por Re:wild, y fue aprobada. El objetivo central es blindar las vizcacheras mediante líneas cortafuegos. 

P. La ejecución involucra fuertemente a la comunidad local. ¿Cómo ha sido el trabajo con los brigadistas y pobladores? 

R. Ha sido una verdadera minga. Soy parte de una brigada comunitaria y viví los incendios de 2024 en carne propia. Pasé una semana fuera de casa, durmiendo a la intemperie y trabajando en las noches, cuando el fuego es menos agresivo. Esa experiencia me motivó a redactar la propuesta pensando en la gente que lucha contra las llamas sin incentivos económicos. Son jóvenes cafetaleros de Quilanga que arriesgan sus vidas por voluntad propia. A través del proyecto he buscado retribuirles su esfuerzo brindándoles oportunidades laborales. Hoy se sienten identificados con la conservación de la vizcacha.

P. Además del trabajo de campo, ¿cómo ha sido la gestión con las autoridades locales y qué papel juegan en la solución? 

R. Nos ha tocado gestionar recursos y tocar puertas. Es un proceso necesario, pues la solución requiere la articulación de todos los actores: autoridades, academia, ONG y comunidad. Sin esa sinergia, es imposible sostener la prevención.

P. Menciona que el ecosistema se ha alterado profundamente. ¿Qué papel han jugado las especies vegetales introducidas? 

R. Nuestro ecosistema original, con un altísimo nivel de endemismo, no dependía del fuego. Sin embargo, lo hemos transformado en un sistema inflamable al introducir especies exóticas. El pino necesita el fuego para germinar y liberar semillas. Hemos homogeneizado un paisaje diverso, llenándolo de detonantes para los incendios. A esto se suma la grave erosión del suelo, que es un daño irreversible. El suelo no se compra en una tienda, su pérdida es más crítica que la deforestación misma, porque sin suelo no hay regeneración posible.

P. Como estudiante y líder de esta iniciativa, ¿qué mensaje final le gustaría transmitir a la comunidad académica? 

R. Mi llamado es a comprender la magnitud real del problema y a salir de la burbuja. Las instituciones educativas deben actuar como semilleros críticos donde se analice esta crisis. Entiendo que cada estudiante tiene su malla curricular, pero creo firmemente que debemos reverdecerla en todas las carreras. La conservación es un trabajo transversal. No importa si estudia Derecho, Administración o Ingeniería, todos debemos conocer nuestra realidad local y buscar soluciones concretas. Debemos actuar por convicción y por el bien de nuestra gente y territorio.