La capricultura es más que una actividad productiva, es una forma de sobrevivir

En el sur de Ecuador, donde el bosque seco sobrevive entre sequías, pobreza y migración, las cabras son mucho más que ganado. Son alimento, economía y cultura. Pero también son un termómetro de la salud del ecosistema y de las personas que dependen de él. Estudiar a las cabras es estudiar la vida de estas comunidades. Dos trabajos científicos revelan cómo los parásitos, la degradación ambiental y la conservación están profundamente conectados.

La producción caprina en Zapotillo, cantón de la provincia de Loja y conocido también por el famoso florecimiento de los guayacanes, no es un complemento, es la base del ingreso económico y de la subsistencia de muchas familias, explica Lucía Guzmán, docente e investigadora del Departamento de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la Universidad Técnica Particular de Loja. En una zona históricamente golpeada por la sequía, las cabras han sido las que resisten donde otros sistemas productivos fracasan. Los caprinos son fuente de carne y de leche y, además, se adaptan muy bien a las condiciones del bosque seco. La leche de cabra tiene un valor especial porque es mucho más tolerable para las personas adultas. En muchas comunidades rurales del sur de Loja, esta leche ha sido incluso un sustituto directo de otros alimentos básicos. Guzmán indica que cuando no hay acceso a la leche de vaca, se cría a los niños con leche de cabra sin los problemas digestivos que pueden aparecer con otros productos.

Desde otra mirada, la explotación de la cabra como productora aporta al crecimiento económico de sus criadores al producir derivados lácteos (queso fresco y madurado, yogur, dulce de leche, requesón, queso ricotta, helados, etc.), los cuales provienen de animales sanos que se han constituido el motor económico para la región.

¿Cómo nace la investigación en territorio?

En Zapotillo, la producción caprina es la base del ingreso económico y de la subsistencia de muchas familias y, sin embargo, sabíamos muy poco con datos científicos acerca del estado sanitario de esos animales, según explica la investigadora.

El trabajo comenzó a partir de alertas lo cales de los productores que reportaban una mortalidad elevada de sus cabras, abortos, pérdida de peso y disminución de la producción de leche. “Los productores nos decían que algo estaba pasando, pero no había información sistematizada”, recuerda. A partir de esa preocupación, se con formó un equipo interdisciplinario integrado por veterinarios, parasitólogos, biólogos y ecólogos, con el apoyo de Agrocalidad y del Ministerio de Agricultura.

Parásitos, anemia y un riesgo que va más allá de los animales

Uno de los ejes centrales de la investigación es el estudio de los parásitos gastrointestinales y sanguíneos. Los resultados de las investigaciones realizadas fueron contundentes: más del 90 % de la muestra de los animales analizados presentaron algún grado de parasitismo, señala Guzmán. En muchos casos se encontró infecciones mixtas. Esto confirma la preocupación y la alerta indicada por los productores.

Los parásitos encontrados en las muestras afectan directamente a la productividad. Provocan anemia, pérdida de peso, baja producción de le che, abortos y muerte de crías. Pero el problema no se limita a la afectación de la economía familiar que implica, sino que algunos de estos parásitos son zoonóticos, es decir, pueden transmitirse de los animales a las personas. “Por eso insistimos que no solo es un problema veterinario”, enfatiza Guzmán. “Es un tema de salud pública y de seguridad alimentaria”.

Uno de los parásitos más preocupantes identificados fue Haemonchus contortus, asociado a cuadros severos de anemia. Se encontró una relación directa entre el nivel de parasitismo y el estado corporal de los animales.

Frente a este escenario, el equipo buscó herramientas prácticas para el territorio. “No tiene sentido generar información si no se traduce en soluciones”, afirma Guzmán. Por eso es muy importante conocer qué enfermedades están presentes, cuáles son los factores de riesgo y cómo prevenirlas sin afectar el sustento de las familias.

Como parte del proceso de estudio y de implicación comunitaria llegó la validación del sistema Famacha, una metodología sencilla para detectar anemia en campo. Es una cartilla con imágenes del color de la mucosa del párpado del animal. Dependiendo del color, se puede estimar el grado de anemia, explica Guzmán.

El equipo aplicó Famacha directamente en las fincas y luego comparó esos resultados con análisis de laboratorio. Se midió el hematocrito en sangre (es un parámetro clave que mide el porcentaje de glóbulos rojos en relación con el volumen total de sangre. Permite detectar anemia, deshidratación o enfermedades relacionadas con la producción de glóbulos) y se comprobó que la correlación era directa. Eso permitió validar científicamente la herramienta en las condiciones del bosque seco, relata la investigadora.

La mirada ecológica desde el bosque seco

Desde la ecología, Diego Armijos Ojeda, docente investigador del Museo de Zoología de la UTPL e integrante del grupo de Ecología Tropical y Servicios Ecosistémicos, aporta otra dimensión al análisis. “Históricamente se ha visto a la cabra como un animal que degrada el bosque seco”, explica Armijos. “Por su ramoneo, siempre se la ha señalado como un problema”.

Sin embargo, Armijos advierte que la realidad es más compleja. La cabra también es el animal que permite que la gente sobreviva en un ecosistema tan extremo. Eliminar las cabras no es una opción realista y tampoco aconsejable. Todo lo que existe en un entorno cumple una función, hay que determinar en qué condiciones interactúa y cómo se presentan cambios y alteraciones. La academia, a través de la investigación científica, hace su parte. La otra parte le corresponde a la institucionalidad pública y a la comunidad.

Hallazgo clave

Al cruzar los datos ecológicos con los sanitarios, surgió un hallazgo clave. Las zonas donde el bosque está más degradado coinciden con una mayor prevalencia de parásitos en las cabras. Y en las áreas de bosque mejor conservado, los animales tienen mejor salud, señala Armijos.

Esta relación ya era percibida por las comunidades. En los mercados donde se venden los alimentos de la zona “la gente pregunta de dónde viene la cabra”, comenta Armijos. Y cuando la respuesta es que provienen de zonas cercanas la relacionan con áreas conservadas y son las más buscadas. Porque la carne sabe mejor y la leche es de mejor calidad. Esta hipótesis aceptada en la comunidad es lo que la ciencia empieza a confirmar.

Este vínculo abre nuevas líneas de investigación. “Estamos analizando si la calidad del ecosistema influye directamente en la salud animal”, señala Diego Armijos, quien también afirma que todo lo que se ha investigado hasta el momento al parecer indica que sí, que influye directamente.

Los resultados de las investigaciones realizadas hasta la actualidad están siendo compartidos con instituciones públicas con el propósito de realizar un trabajo mancomunado que permita definir medidas de control y prevención.

El siguiente paso, indican los investigadores, será la socialización en parroquias y la capacitación directa a productores. Lo que se quiere es reafirmar que la capricultura siga siendo una fuente de ingresos y de alimento saludable, y que no represente un riesgo para la salud pública. En paralelo, se instruye también sobre la importancia del bosque seco y de su conservación. Finalmente, los investigadores concuerdan en un mensaje claro: “Estudiar a las cabras no es solo estudiar animales. Es entender cómo se relacionan con las personas, el bosque y la salud, y cómo podemos cuidar ese equilibrio para el futuro”.

Las cabras duermen en corrales pero se alimentan libremente en el bosque seco durante el día. Este sistema es ideal para un ecosistema extremo, pero conlleva riesgos sanitarios.
El acceso libre al territorio expone a las cabras al contacto constante con: El ambiente y fuentes naturales de agua, especies domésticas y fauna silvestre. Estos factores influyen directamente en el estado de salud y la conservación de los animales.
Doctora en Comunicación e Información Contemporánea. Máster en Comunicación e Industrias Creativas por la Universidad de Santiago de Compostela. Licenciada en Comunicación por la UTPL. Docente Titular anexa al Departamento de Ciencias de la Comunicación Universidad Técnica Particular de Loja, Grupo de investigación de Comunicación audiovisual GICA. Líneas de investigación comunicación audiovisual, comunicación digital, periodismo. Profesora de pregrado y postgrado. Miembro de la Red de Narrativas Audiovisuales, Red Xescom, Red RICE. Miembro del Observatorio Interuniversitario de medios del Ecuador OIME, Investigadora del ObservacomUtpl, Periodista de Cultura Cientítfica.