Carlos Calderón Córdova es un docente investigador con más de 18 años de experiencia, reconocido como un defensor de la aplicación de las nuevas tecnologías para resolver problemas de alto impacto alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sus proyectos emplean tecnología de vanguardia para abordar las necesidades de sectores vulnerables, destacando proyectos como “Tech for Good”, orientado a procesos de enseñanza innovadores que fomentan soluciones prácticas para el sector productivo y las comunidades locales.
¿Cómo describe Carlos Calderón su trayectoria profesional?
Mi experiencia profesional me lleva a definirme como académico, investigador e ingeniero comprometido con la búsqueda de soluciones que impacten positivamente en problemas reales. No me considero un académico de laboratorio o únicamente de aula, sino alguien que procura influir de manera positiva en el entorno empresarial, productivo e inclusive social. Mi motivación radica en generar una influencia significativa en estos contextos, además de resaltar el desarrollo de proyectos que respondan a las necesidades de los sectores vulnerables.
¿Cuáles son los proyectos que destacaría en su trayectoria académica e investigativa?
He trabajado principalmente en dos tipos de proyectos dentro del ámbito de la vinculación universitaria y el aporte como académico y profesor. Por un lado, están aquellos orientados hacia la solución de problemas en sectores rurales, y por otro, los científicos y de laboratorio. Las iniciativas que hemos realizado con los estudiantes están enfocadas en sectores que realmente lo necesitan, como comunidades locales, organizaciones de productores, pequeñas empresas rurales o instituciones educativas especiales. Lo más significativo es que estos proyectos no se quedan solo en el aula o en el campus universitario pues los estudiantes salen al campo, identifican problemas reales y trabajan para solucionarlos mediante el desarrollo de tecnología. Este proceso les permite aplicar sus conocimientos y también interiorizar una visión transformadora de su rol profesional.
Conocemos que ha sido galardonado internacionalmente. ¿Qué momentos clave de su trayectoria han contribuido con ello?
En la evaluación del premio se valora la trayectoria y los resultados, sin embargo, recalco dos momentos por los cuales los colegas de IEEE Ecuador decidieron nominarme a este premio de carácter global enfocado en la docencia en Ingeniería con impacto.
Destaco que, en el marco de los 50 años de la UTPL, durante la sesión solemne, se decidió reconocer a docentes destacados allí y recibí el título de “Docente Inspirador”. Este reconocimiento se basó sobre nominaciones de los estudiantes, lo cual lo hace aún más significativo para mí.
Por otro lado, a finales de 2021 fui uno de los tres seleccionados a escala mundial para el premio “Voluntario del Año” de IEEE SIGHT, una organización dedicada a la tecnología humanitaria. Este tipo de reconocimientos no son el objetivo inicial de mi trabajo, pero sí reflejan la trascendencia de una trayectoria que se ha enfocado en proyectos tangibles y en generar cambios positivos.
¿Qué significa para usted este premio?
Este premio es una satisfacción diferente al resto de reconocimientos. IEEE es una organización que reúne a académicos y científicos de renombre global, perfiles con un alcance extraordinario. Poder escalar en estas valoraciones del premio, tanto en Ecuador como en Latinoamérica y a escala mundial, es una satisfacción muy especial. Ver mi nombre junto al de autores y referentes que han marcado mi formación y trayectoria profesional es un gran honor y una experiencia incomparable. Más allá del reconocimiento, valoro profundamente la oportunidad de compartir espacio con figuras muy influyentes en la ciencia y tecnología. Recibo este reconocimiento con humildad y gratitud, como siempre he asumido cada premio.
Este reconocimiento invita al compromiso con la formación. Frente a eso, ¿deben adaptarse las universidades para formar ingenieros preparados para los desafíos del futuro?
La educación, en general, se va tomando desde lo superficial, enfocándose demasiado en habilidades aisladas o el simple manejo de herramientas. Como docente, siempre enfatizo en mis clases que no debemos ver la formación como una serie de bloques independientes, sino como un sistema interconectado donde los estudiantes aprendan a relacionar los conocimientos y habilidades que adquieren, primero entre sí, y luego con los problemas del entorno. El objetivo es que capitalicen su aprendizaje y que lo utilicen para resolver problemas reales, ya sean sociales, empresariales o de otro tipo.
Los programas deben ser más inmersivos y experienciales para que los estudiantes adopten una filosofía de trabajo que los impulse a relacionar lo que aprenden con los desafíos que enfrentan en el mundo real.
Para lograr estos cambios, ¿qué aspecto radical debería emplearse?
Destaco como fundamental ofrecer una formación más inmersiva y experiencial, especialmente en áreas como la Ingeniería. Mis estudiantes se forman en robótica, electrónica, inteligencia artificial, software, aplicaciones móviles y tecnología en la nube, herramientas de última generación. De esta manera comprenden que todas estas tecnologías no son solo herramientas modernas, sino que son recursos para resolver problemas reales. El desafío actual es evitar que los estudiantes vean la formación solo como una acumulación de certificaciones o habilidades aisladas, cuando la verdadera formación está en entender cómo aplicar lo aprendido para solucionar los problemas del entorno.
¿Cuál sería su mensaje para los futuros profesionales?
Uno de los grandes retos es cambiar la autopercepción de los ingenieros. No somos solo usuarios pasivos de la tecnología, sino creadores de soluciones: nuestra profesión se distingue porque no se trata de describir lo que ya existe sino de crear cosas nuevas desde cero. Los ingenieros deben entender que tienen una ventaja competitiva: somos los encargados de generar soluciones, de crear herramientas que impactan a nuestra profesión y también a otras.
En Latinoamérica, una barrera clave es la falta de oportunidades laborales, influenciada por factores socioeconómicos. Sin embargo, es importante que los profesionales, más allá de buscar empleo, también consideren el emprendimiento. En lugar de esperar una oferta laboral, deberían aprovechar su capacidad creadora para generar sus propios productos como aplicaciones móviles, software o equipos tecnológicos. Por tanto, es crucial fomentar una mentalidad emprendedora, similar a la que vemos en países como Chile, donde se apoya el emprendimiento tecnológico a través de iniciativas intersectoriales entre academia, Gobierno y sector privado.
Las universidades no pueden resolver problemas por sí solas. Es necesario un enfoque colaborativo con el Gobierno y el sector privado. El fomento de los emprendimientos tecnológicos es clave para afrontar el desafío de las oportunidades de empleo en nuestra región.

Carlos Calderón Córdoba
Profesor de la UTPL, sus áreas de especialización en investigación e innovación son Transformación Digital de la Industria y Transferencia de Tecnología. Es director del Grupo de Investigación de Control y Sistemas Inteligentes. Ha generado y transferido tecnología desde la Academia hacia el Sector Productivo ecuatoriano. Ha ganado el Premio Nacional Mejor inventor académico en las ediciones 2020, 2022 y 2024, otorgado por CEDIA.