Leonardo Ordóñez. Este recorrido fotográfico representa la continuación de un proceso de enseñanza y aprendizaje que busca visibilizar y valorar a estas compañeras aladas que comparten nuestro espacio universitario.

Después de haber presentado en una primera entrega cuatro especies comunes con las que convivimos diariamente, en esta segunda parte exploramos otras cuatro aves que van desde las más frecuentes hasta aquellas que requieren una mirada más atenta para ser descubiertas. Cada una de ellas posee características únicas que las hacen especiales y las convierten en vecinas silenciosas de nuestra vida académica.

El chingolo, con su distintivo collar color ladrillo y su canto melodioso que varía según la región; el pinzón sabanero azafranado, cuyo plumaje amarillo limón ilumina los espacios verdes; el imponente mirlo grande, el representante más grande de su familia en Sudamérica; y el fascinante autillo de Koepcke, un singular búho de la hoya de Loja que se refugia en las palmeras junto a la capilla universitaria.

Estas imágenes no solo documentan la riqueza ornitológica de nuestro entorno, sino que invitan a la comunidad universitaria a desarrollar una mirada más consciente y respetuosa hacia la biodiversidad que nos rodea. A través de la fotografía, buscamos fortalecer el vínculo entre la investigación científica y la sociedad, demostrando que el conocimiento también se construye mediante la observación cuidadosa y la valoración de nuestro patrimonio natural.

Áreas verdes del campus

Las palmeras y los densos arbustos que rodean las instalaciones de la institución sirven como refugios vitales para que diversas especies residentes y migratorias puedan alimentarse y anidar con seguridad.

Autillo de Koepcke

Es un búho mediano (24 cm) maestro del camuflaje, con un plumaje estriado (marrón cálido o gris cenizo) que le permite fundirse con los árboles. Sus rasgos más distintivos son sus pequeños penachos “orejeros”, sus brillantes ojos amarillos y un disco facial pálido bordeado de negro. Es el único autillo en la hoya de Loja y, a diferencia de otros, carece de una banda blanca en la nuca.

Es un ave territorial y muy vocal; su canto consiste en notas rápidas que suben de volumen, y en ocasiones las parejas cantan a dueto. Se ha convertido en un gran atractivo para avituristas, siendorelativamente fácil observarlo en las palmeras junto a la capilla del campus.

Pinzón Sabanero Azafranado

Este pequeño pájaro (13.5 – 15 cm) destaca por el vistoso plumaje amarillo intenso con una mancha rojiza en la frente y tonos verde oliva y leves estrías en la espalda alas.

Es una especie sociable y muy adaptable, capaz de convivir con el ser humano desde la costa hasta los 2500 m s. n. m. Suele alimentarse en el suelo en pequeños grupos y resalta por posarse valientemente en lo alto de los árboles para emitir un fuerte canto metálico.

Mirlo Grande

Es el representante más grande de su familia en Sudamérica (28 a 33 cm). Destaca por su plumaje marrón oliva oscuro, cola larga y llamativos pico y patas de color naranja intenso (los machos adultos también lucen un anillo ocular del mismo color).

Es un ave robusta que camina y corre por el suelo buscando alimento, pero elige perchas altas y visibles para cantar. Su voz es rica, melodiosa y muy activa antes del amanecer. Cuando se alarma o vuela, emite un fuerte silbido metálico, siendo una especie sumamente fácil de reconocer.

Chingolo

Es un ave pequeña (12 cm) y dócil, inconfundible por su cresta triangular y su distintivo collar color ladrillo en la nuca. Suele saltar por el suelo buscando semillas, ya sea solo o en pareja, siempre cerca de arbustos para refugiarse rápidamente.

Sobresale por su canto dulce y melodioso que se escucha durante todo el año. Curiosamente, esta especie posee “dialectos” regionales: su llamado suena más metálico en la costa y mucho más suave en la sierra.

Imágenes

Leonardo Ordóñez, Paul Székely y Ianula Du.