En el campo financiero, la reducción de crecimiento de las principales economías marca la tendencia hacia una desaceleración económica global, con riesgo de convertirse en una recesión económica mundial. Las consecuencias de la guerra se unieron a las crisis de deuda y de suministros que se arrastraban desde la pandemia. Esto coloca a la globalización financiera en un estado de “policrisis” en el que se suceden diversos acontecimientos adversos como alta inflación, elevados tipos de interés, problemas energéticos y riesgos alimentarios. Una de las posibles consecuencias es el impacto que tendrá sobre el mercado laboral. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “ya existen las evidencias de una desaceleración profunda en el mercado de trabajo” lo que supondría el aumento de la desigualdad y disparidad entre economías.

El encarecimiento de los insumos agrícolas, como los fertilizantes, causado por el aumento del precio de la energía, restricciones a ciertas materias primas y la alta demanda pone en riesgo la seguridad alimentaria global. Por su parte, el incremento del precio de productos básicos como arroz, trigo y maíz golpea las economías familiares y dificulta su acceso a los segmentos de población más desfavorecidos. Para el Banco Mundial “los ingresos de exportación y la situación fiscal de algunos países exportadores de productos básicos regionales se están beneficiando, pero los efectos económicos positivos se ven contrarrestados por el aumento de los precios al consumidor”.

El riesgo y la incertidumbre que se genera en tiempos de confrontación ha dado un nuevo impulso a las energías fósiles como petróleo, gas o carbón. La búsqueda por garantizar el abastecimiento energético sin depender de otros países “rivales” genera un clima de competencia que conlleva riesgos económicos y climáticos. Según el último informe de Global Carbon Project, presentado en la 27ª Conferencia del Clima celebrada en Egipto, se estima que las emisiones globales provenientes de combustibles fósiles alcanzarán un nuevo récord en 2022, con 37.500 millones de toneladas, 1% más que en 2021. Esta situación pone más tierra sobre los Acuerdos de París que tienen como objetivo limitar a 2oC el aumento de la temperatura global hasta finales de siglo.

Establecido el marco global, Ronny Correa, docente investigador de la carrera de Economía, nos habla sobre las perspectivas de la economía ecuatoriana para 2023.

¿Cómo ha evolucionado la economía de Ecuador durante este 2022 y cómo explicaría su estado actual? 

Hasta el momento existe un crecimiento de la economía con relación a los dos años de pandemia. Esta reactivación se ha dado sobre todo por dos factores: el primero es el incremento de los gastos de los hogares ecuatorianos después de las medidas de confinamiento; y el otro es el que tiene que ver con el aumento de la inversión privada, que genera, a su vez, aumento de la producción, recuperación del empleo e incremento del consumo. Lamentablemente la inversión pública es muy baja y no ha sido la esperada. 

Vivimos en un contexto de crisis interna derivada de episodios de inseguridad ¿Cómo afecta esto a la economía? 

Son varios los efectos de la inseguridad en la economía y en la sociedad. Estos tienen que ver con el desincentivo de la inversión privada ya que es básico que para lograr crecimiento económico y desarrollo se necesita paz y seguridad. Otra consecuencia es el incremento de los costos en seguridad por parte de las empresas y del sector público, y también se puede señalar la disminución de las visitas que recibe el país desde el exterior, así como del turismo interno, lo que repercute de una manera significativa en los ingresos de este sector. Otra secuela es la posible disminución de recursos estatales en educación y en inversión social como consecuencia de gastos extraordinarios para controlar los episodios de inseguridad en el país. 

En el plano global también vivimos en una situación de crisis agudizada por el conflicto bélico en Ucrania y la confrontación de bloques geopolíticos ¿Qué repercusiones tiene sobre nuestra economía? 

La principal afectación se da en el intercambio comercial internacional, es decir, de lo que compramos del exterior y lo que vendemos a los países que están en conflicto bélico. A estos países el Ecuador les compra, sobre todo, fertilizantes y abonos, cuyos precios se han incrementado; mientras que las ventas de banano, camarón y flores que se realizaban hacia Rusia han experimentado una disminución, lo que conlleva a que el país reciba menos ingresos por estas actividades. 

La inflación es un problema que están atravesando muchos países. Para que la gente conozca, ¿qué es la inflación y a qué se debe? 

Como inflación entendemos el incremento constante y generalizado de los precios de los bienes y servicios que consumen las familias. Actualmente está inflación se origina por dos motivos. El primero tiene que ver con la guerra entre Ucrania y Rusia que hace que los precios de los alimentos, petróleo, gas y materias primas se incrementen; y el aumento del consumo de bienes por parte de las familias luego de la pandemia, lo que ocasiona que exista mayor cantidad de dinero circulando, lo que a su vez ocasiona una subida de los precios. 

¿Cómo le podría afectar al ciudadano? 

Se da un aumento del costo de vida ya que los productos se encarecen y se gasta más dinero. Con ello disminuye la cantidad de circulante de las personas para ahorrar e invertir. Además de esto, en inflación se suben las tasas de interés de los préstamos. 

¿Qué retos nos tiene preparados el 2023 en el ámbito económico? 

Los retos del próximo año tienen correspondencia con lograr un crecimiento de la economía, generar mayor empleo de calidad, reducir la pobreza y la desigualdad, control de la inflación, implementar las estrategias para la anunciada focalización de los combustibles, el incremento de la inversión pública y de la inversión social por parte del Gobierno central y combatir la inseguridad y el crimen.  

¿Qué recomendaciones podría dar al ciudadano para el próximo año? 

Ante un escenario de incertidumbre, se podría sugerir reducir los gastos en bienes y servicios que no son primordiales. No dejar de invertir en salud familiar y en educación, no endeudarse innecesariamente y buscar nuevas fuentes de ingreso. 

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Periodista especializado en ciencia - Documentalista - Gestor de Cultura Científica en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) - Coeditor y redactor de la Revista "Perspectivas de investigación"