cascarilla

La cascarilla o Cinchona officinalis L., declarada como la planta nacional de Ecuador, es una de las 23 especies del género Cinchona. La especie fue descrita en 1753 a partir de un espécimen recogido cerca de la ciudad de Loja. Usualmente, la cascarilla llega a medir unos seis metros y sus flores de forma tubular son rosadas o púrpuras. Este grupo de especies tiene su centro de diversidad en la depresión de Huancabamba, al sur del país, y está distribuido en los Andes Centrales y del Norte, y es fuente de quinina y otros alcaloides.

La cascarilla está reconocida dentro del top 10 de las plantas que ha cambiado la historia de la humanidad debido al uso de su corteza en el tratamiento contra la malaria. Las propiedades medicinales de la cascarilla se difundieron durante los siglos XVI y XVII, época en la que se descubrió el uso que los indígenas de la zona de Rumishitana (Loja) le daban para tratar las fiebres. La primera etapa de explotación de la cascarilla para extraer quinina, hasta la mitad del siglo XVIII, se dio en las montañas cercanas a la ciudad de Loja donde las poblaciones de la planta se hicieron más escasas, lo que motivó a que otras especies del género y otras poblaciones fueran más explotadas. Este hecho, unido al establecimiento de plantaciones de cascarilla en Asia durante el siglo XIX, permitió que la explotación de las poblaciones naturales cesara hasta que durante la segunda guerra mundial se produjo una segunda etapa de explotación. En uno de los mapas más antiguos de la ciudad de Loja (1769), que reposa en el Archivo General de Indias, se verifica que la cascarilla estaba ampliamente distribuida en las montañas de la urbe. Pocas poblaciones naturales sobrevivieron a la explotación y las que lo hicieron tuvieron que enfrentar una tercera etapa de amenaza, causada ya no por la explotación sino por la alta deforestación de su hábitat”.

El grupo de investigación de la UTPL liderado por Augusta Yadira Cueva Agila, docente del Departamento de Ciencias Biológicas, estudió seis poblaciones remanentes de C. officinalis en la provincia de Loja, ubicadas en ambas vertientes de la Cordillera Real Oriental. Las poblaciones con mayor número de individuos se encuentran en dos reservas privadas y las cuatro poblaciones restantes tienen pocos individuos dispersos. Con el análisis genético realizado se descubrió que los bosques de Cinchona que permanecen presentan una diversidad genética moderada. “La diversidad genética sin duda ha disminuido pues, aunque no contamos actualmente con un bosque conservado (como el que entendemos existía antes de la explotación), hemos descubierto que la población de Angashcola, la más grande de las estudiadas, tiene una diversidad genética 28% mayor en comparación con las otras poblaciones”, explica Augusta Cueva.

La composición genética de las poblaciones estudiadas es distinta en ambos lados de la cordillera. Las poblaciones de El Madrigal y Angashcola albergan la mayor diversidad genética y podrían ser fuente de semillas para programas de reforestación, pero es fundamental plantar árboles provenientes de la misma estribación de la Cordillera Real Oriental para no alterar la estructura genética natural de la especie. “Con un esfuerzo conjunto entre las instituciones educativas, ONG’s., gobiernos locales y ministerios, estamos aún a tiempo de conservar y recuperar las poblaciones de cascarilla. De las poblaciones estudiadas, tres están en reservas privadas y las cuatro restantes en áreas de pastizales. Las tres poblaciones de las reservas privadas: Angashcola, El Maadrigal y Fincal El Cristal están protegidas; sin embargo, en Gonzanamá, Yangana y Vilcambamba podrían extinguirse en una generación sin una intervención urgente, situación que es crítica”, advierte Augusta Cueva.

Este reportaje forma parte de la Revista Perspectivas de Investigación, edición #52, correspondiente a los meses abril-mayo 2020. Si quieres acceder a la revista completa clic aquí.