La historia de la colada morada y sus beneficios

La colada morada es una infusión en Ecuador, cuyos orígenes se remonta a cientos de años en el pasado. Uno de sus componentes tradicionales, el arrayán aromático, tiene propiedades que la hacen útil para la salud humana y para preservar alimentos.

Ingredientes de la colada morada
Colada morada con sus principales ingredientes. Foto: ANDES.

Desde el Departamento de Química de la Universidad Técnica Particular de Loja, Chabaco Armijos ha compartido con nosotros interesantes conocimientos sobre la colada morada, su historia y la cultura alrededor de esta antigua bebida.

¿QUÉ ES LA COLADA MORADA?

La colada morada es una bebida que en Ecuador se consume durante los meses de octubre y noviembre; principalmente, el 2 de noviembre durante el Día de Difuntos.

Existen varias versiones en función del lugar donde se prepara, sin embargo, la bebida sagrada tradicional es llamada ‘Yana Api’ en kichwa y se prepara con harina de maíz morada y panela. A esta infusión se le agrega canela, clavo, hierbaluisa, cedrón, jugo de naranjilla, mora, hojas de naranja y arrayán.

Este estudio es un esfuerzo por rescatar el conocimiento ancestral de la región sur del Ecuador. Con ello también se pretende impulsar programas de reforestación de especies nativas andinas como el arrayán aromático.

Típicamente, la colada morada se sirve con guaguas de pan (pan dulce) que representan figuras de guerreros, animales como llamas y cerdos, e imágenes sagradas. Algunas comunidades indígenas andinas beben la colada morada como parte de un rito de reunión con sus antepasados, lo que se hace junto a las tumbas de familiares fallecidos.

LA FASCINANTE HISTORIA DETRÁS DE LA COLADA MORADA

Los orígenes de la colada morada se pueden rastrear al uso de flores regionales por comunidades andinas, en tiempos prehispánicos. La cosmovisión indígena de la relación entre la vida y la muerte, y la muerte y el renacer, dieron origen a la tradición del Día de Difuntos. Esta festividad pudo haber sido iniciada hace unos mil años por la cultura Quitu-Cara, en las inmediaciones y pendientes del volcán Pichincha.

Tumba Quitu-Cara en el Parque Arqueológico Cochasquí
Tumba Quitu-Cara en el Parque Arqueológico Cochasquí . Foto: mitaddelmundocity.wordpress.com

Entre octubre y noviembre, las lluvias inician sus actividades en las regiones andinas. Antaño, estas precipitaciones coincidían con el inicio de la siembra de maíz por los pueblos indígenas. Cada año, durante esta etapa entre los ciclos de siembra y cosecha, las momias de los muertos de la comunidad eran sacadas de sus tumbas para que recibieran los rayos de luz y las primeras gotas de lluvia.

Estos meses indican en la cosmovisión indígena un nuevo ciclo: inicia con la siembra que señala un renacer, y termina con la cosecha que marca la muerte. Cada año es un nuevo ciclo de vida. Por ello, se relacionan estos ciclos con la vida de los seres queridos ya difuntos. Para celebrar su vida y muerte, y un nuevo inicio, estos rituales se hacían llevando frutas de aromas andinos a las tumbas y bebiendo sangre de llama, un animal sagrado para esas comunidades.

Estas costumbres se verían comprometidas con la llegada de los españoles que consideraban dichos rituales profanos y antihigiénicos: profanos según las creencias cristianas que traían de Europa y antihigiénicos según la afirmación de que la sangre de llama no debía beberse.

Mediante un sincretismo cultural y culinario, emerge la colada morada como símbolo de los elementos de rituales indígenas prohibidos. La bebida incorpora elementos de los pasados rituales: frutas y aromas (que otrora se ofrecieran a los muertos) y el color rojo que da el maíz morado durante la cocción (que representaba la sangre de llama).

Con el tiempo se empiezan a incorporar frutas propias de cada región andina, resultando en varias versiones de la bebida sagrada: se empieza a usar ataco, mortiño o arrayán, dependiendo del sector. Por ejemplo, en el norte del Ecuador se incorpora a la bebida una especie de arrayán distinta a la que se emplea en el sur.

INVESTIGACIÓN SOBRE EL ARRAYÁN AROMÁTICO

Los docentes de la UTPL, Chabaco Armijos, Eduardo Valarezo y Luis Cartuche, han llevado a cabo una investigación concerniente a uno de los ingredientes clave de la colada morada tradicional del sur: el arrayán aromático. Esta planta, cuyo nombre científico es Myrcianthes fragans, se conoce también como saco, arrayán de castilla o guaguel. Actualmente, la especie corre cierto peligro debido a la explotación de su madera con fines en la carpintería y puede ser solo encontrada en la localidad de Villonaco.

Imagenes del arrayan aromatico
Arrayán aromático. Figura A: árbol de arrayán aromático; Figura B: fase de floración; Figura C: frutos del arrayán aromático; Figura D: fase de foliación. Fuente: C. Armijos et al. (2018).

La investigación consistió en destilar hojas, flores y frutos del arrayán aromático. A partir del aceite esencial, obtenido en laboratorios de la Universidad, se identificaron los componentes presentes en la planta. Se encontró que los compuestos característicos eran citrales: geranial y neral. Como ilustración, estos compuestos son también característicos en el aroma y sabor del limón o la hierbaluisa. Con estas características, sería posible utilizar el arrayán en las industrias de los sabores o perfumes.

Además de sus propiedades aromáticas y de sabor, tradicionalmente, las infusiones de arrayán aromático han sido utilizadas para tratar problemas intestinales, respiratorios, irritaciones, inflamaciones de la garganta e infecciones vaginales.

Mediante la investigación, se validaron algunas propiedades atribuidas al arrayán aromático en los conocimientos ancestrales. Al evaluar la actividad biológica de sus componentes se encontró que, en efecto, la planta tiene propiedades antifúngicas y contra ciertas levaduras. Estas propiedades benefician a la salud de los humanos y previenen la contaminación o fermentación de alimentos, respectivamente.

Estudios, como el que se ha mencionado, son un esfuerzo por rescatar el conocimiento ancestral de la región sur del Ecuador. Además de los posibles usos que tales conocimientos dilucidan, también se pretende impulsar programas de reforestación de especies nativas andinas como el arrayán aromático.