Los bosques son un potente agente contra el cambio climático

LOS BOSQUES ABSORBEN Y ALMACENAN CARBONO

“Los bosques son los pulmones de la tierra” es un popular aforismo cada vez más usado en el contexto del cambio climático global. Echemos un vistazo a los mecanismos de funcionamiento de estos pulmones.

Debido al proceso biológico de las plantas, los bosques juegan un rol muy importante en los ciclos del carbono de nuestra atmósfera. Esto se debe a su capacidad de retener el carbono y de emitir oxígeno. Este proceso ocurre a través de la fotosíntesis, la cual transforma el CO2 en biomasa almacenando así el carbono en la vegetación.

Tomando en consideración lo dicho, en cuanto a los gases de efecto invernadero la deforestación de bosques tiene un doble efecto negativo para el planeta: por un lado disminuye la posibilidad de captación del carbono que se dirige a la atmósfera y, por otro, al deforestar cualquier tipo de bosque provoca que el carbono acumulado bajo estos bosques comience a salir, emitiendo grandes cantidades de este gas. Hay que tomar en cuenta que los bosques del mundo retienen del 70 al 90% del carbono terrestre.

BIOMASA

La protección de los árboles es fundamental si pretendemos mitigar el cambio climático en los próximos años. Debido a su gran contenido de madera, los árboles más altos aportan hasta el 70% de la biomasa de un bosque.

El diccionario de la lengua española ofrece dos definiciones de biomasa. La primera concierne a la cantidad de materia orgánica en un lugar determinado; esta usualmente se mide en unidades de peso por volumen o área. La segunda refiere a la materia orgánica que puede ser utilizada en plantas energéticas de biomasa; esta suele medirse directamente en unidades de energía.

Los bosques son un potente agente contra el cambio climático
Los bosques tropicales son fundamentales para el ciclo del carbono mundial. (Foto: Javier Vázquez).

En otras palabras, hay una distinción entre la descripción de la materia orgánica de un lugar, y la utilidad de recursos orgánicos para generación de energía eléctrica o térmica. En este artículo nos enfocaremos en la primera; específicamente, en la biomasa de los bosques tropicales de montaña y páramos.

LA BIOMASA EN BOSQUES TROPICALES

Estos bosques son los que se encuentran en las montañas de las zonas tropicales. En promedio, su altitud varía entre los 1600 y los 2500 metros sobre el nivel del mar.

Aunque sus árboles no crecen tan alto como aquellos de los bosques amazónicos, sí presentan una gran diversidad de tamaños y de la forma en que se distribuyen. Esto se debe a las condiciones climáticas que varían en función de la altura. Por ejemplo, en los valles el bosque está más protegido de los vientos debido a las colinas circundantes. Sobre ellas, el viento, las temperaturas bajas y las precipitaciones empiezan a afectar a la vegetación, y los árboles resultan más pequeños. Mientras tanto, en las cumbres hay incluso menos protección y los árboles empiezan a desaparecer hasta encontrarnos con los páramos.

La importancia de conservar los bosques tropicales es incalculable. Estos cubren alrededor del 10% de la superficie de la tierra, y su deforestación supone una influencia más devastadora sobre los ecosistemas que la del mismo calentamiento global.

De ahí que sea tan importante estimar la biomasa de los bosques. Cualquier plan informado de conservación de bosques habrá de requerir una aproximación de la biomasa en cuestión. Más aún, los estudios bioclimáticos dependen también de estas estimaciones, por la relación existente entre biomasa disponible y los potenciales cambios climáticos.

LA BIOMASA EN LOS PÁRAMOS

A la altitud a la que algunos bosques tropicales de montaña terminan, empiezan los subpáramos (que marcan dicha transición) y, subsecuentemente, los páramos. Los páramos se caracterizan por una vegetación corta y arbustiva; principalmente habitados por matorrales, frailejones y hierbas.

Mientras que en los bosques tropicales la biomasa predominante se encuentra sobre el suelo (troncos y ramas), en los páramos la mayor cantidad de biomasa está bajo el suelo. Esta última se manifiesta como una capa de carbono generada por la vegetación muerta que se va acumulando en un proceso que puede tomar miles de años.

Los páramos son un potente agente contra el cambio climático
En el 2002 la Comunidad Andina de Naciones (CAN), un bloque comercial que comprende los países sudamericanos de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, reconocieron a los páramos Andinos o tierras altas como un ecosistema fronterizo con alta prioridad de conservación. (Foto: Javier Vázquez).

Bajo el suelo las raíces de la vegetación y el material muerto de las plantas no se descomponen tan rápido debido a las bajas temperaturas. Estas materias orgánicas retienen la humedad del ambiente y transfieren gradualmente el agua hacia las quebradas y ríos, montaña abajo.

Si el páramo se deforesta se retira la capa de biomasa bajo el suelo. De esta manera, el páramo pierde su capacidad de almacenar agua y, por tanto, los ríos y quebradas tienden a secarse. A pesar de su aspecto casi desolado, los páramos tienen una función ecológica fundamental: si hay una sequía en las partes altas de una montaña, el páramo puede seguir “escurriendo” agua lentamente por semanas.

El páramo es un ecosistema esencial para el suministro de agua, aquí es donde nacen las cuencas hidrográficas que alimentan a los bosques tropicales de montaña, a las poblaciones y provee del recurso más importante para la agricultura de las zonas bajas.

Las actividades humanas son las principales amenazas que enfrenta este ecosistema, la pérdida de especies autóctonas, contaminación, destrucción y fragmentación del páramo son ocasionados principalmente por el pastoreo bovino, la agricultura y actividades extractivas como la minería.

DETERMINANDO LA BIOMASA DE UN BOSQUE TROPICAL DE MONTAÑA

Hemos dicho entonces que la estimación de biomasa en bosques tropicales de montaña y páramos puede estimular acciones de conservación y estudios muy necesitados en el contexto del cambio climático. Sin embargo, a diferencia de los bosques planos, los de montaña presentan un gran reto relacionado a su estructura cambiante.

Obtener una medición precisa sería muy difícil si tomamos en cuenta que, tradicionalmente, la biomasa se estima como un promedio a partir de pequeñas parcelas que sirven de muestreo. No obstante, dicha extrapolación sería inexacta en bosques con estructuras tan cambiantes. Además, las pendientes de estos bosques tan heterogéneos son de muy difícil acceso, lo que dificulta hacer mediciones de campo.

Es precisamente la ambiciosa empresa de calcular efectivamente la biomasa sobre el suelo de un bosque tropical de montaña la que abordaron investigadores de la Universidad Técnica Particular de Loja. Con apoyo financiero y tecnológico de la Fundación Alemana de Investigación Científica, los investigadores Víctor González y Andreas Fries estimaron la biomasa sobre el suelo de la cuenca hidrográfica San Francisco.

Ubicada entre las ciudades de Loja y Zamora, San Francisco vierte al Río Zamora, que a su vez afluye a la cuenca occidental y superior del Río Amazonas. Estudiando la cuenca San Francisco, los investigadores integraron dos técnicas para estimar efectivamente su biomasa.

Por un lado, se emplearon mediciones por parcelas de la biomasa de los árboles. Las variables que se miden son el diámetro del tronco, la altura del árbol y la densidad de la madera. Por otro lado, se transportó en helicóptero un sensor láser y un potente GPS para crear un mapa del terreno. Este mapa tiene la exactitud suficiente como para contar cada árbol del bosque. ¡En toda la cuenca se detectaron casi dos millones de árboles con sus respectivas ubicaciones!

Integrando estos resultados, los investigadores fueron capaces de estimar la biomasa promedio: 150 toneladas por hectárea. Estas estimaciones concuerdan con otras publicaciones sobre estudios de zonas tropicales.

Sin embargo, conforme aumentamos las latitudes hacia los hemisferios norte y sur, se ha observado que los bosques decrecen en su biomasa. Por ejemplo, bosques en China (a unos 30 grados de latitud) han presentado una biomasa promedio de 50 toneladas por hectárea. Si nos movemos incluso a zonas más septentrionales, observaremos que la biomasa sobre el suelo decae en gran medida:

AMENAZAS A LA CONSERVACIÓN DE BIOMASA EN SAN FRANCISCO 

En la cuenca hidrográfica San Francisco el principal problema antropogénico es la deforestación de pastos para ganadería. La investigación mencionada sugiere que las cantidades de biomasa en las zonas de subpáramo son muy bajas. Los efectos de estas amenazas son a nivel local, la capacidad de almacenamiento de agua del ecosistema se está perdiendo, afectando a su flora, fauna y a las poblaciones circundantes. A nivel global, dichas actividades humanas (corta y quema de la vegetación) liberan carbono y otros gases de efecto invernadero súbitamente, lo que contribuye al cambio climático.