Texto: David Díaz Arcos, Diego Allen-Perkins Avendaño e Isidro Marín Gutiérrez.

 

De todas las fiestas andinas, el Inti Raymi constituye uno de los monumentos culturales vigentes que ha logrado sobrevivir al periodo Colonial, la República, los regímenes dictatoriales y llegar hasta nuestros días. Al tratarse de una tradición inca, el Inti Raymi se mantiene como un rito para muchas comunidades indígenas de legado incaico o andino en Ecuador, Colombia, Chile, norte argentino y Bolivia. Aunque hoy conocemos a esta celebración con su nombre quechua de Inti Raymi, en realidad se trata de una festividad común a muchos pueblos prehispánicos de los Andes, y que seguramente precede con mucho a la formación del imperio incaico. El Inti Raymi se celebra actualmente como rito sincrético en muchas comunidades andinas, entre ella la comunidad de Saraguro (Marín et al, 2015). 

EL INTI RAYMI INCAICO

El Inti Raymi se llamada Wawa Inti Raymi (fiesta del Sol Niño), era una ceremonia inca y andina celebrada en honor de Inti (el dios Sol), que se realizaba cada solsticio de invierno, el 24 de junio, en el hemisferio sur. En el periodo inca el Inti Raymi fue establecido por Pachacútec hacia 1430 para legitimar el control inca sobre los pueblos sometidos. El Inti Raymi fue uno de los dos mayores festivales celebrados en honor al sol en Cusco (Perú). El otro festival era el Kapac Raymi o fiesta del gran Sol celebrado por los incas en el solsticio de verano en el hemisferio sur que es el 21 de diciembre. Según relató el inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), el Inti Raymi significaba que el dios Sol renacía para dar inicio a un nuevo ciclo anual. Debemos entender que el tiempo es circular para los incas y no lineal como lo entendemos los occidentales. Los incas sostenían que ellos habían sido enviados a la tierra por su padre el Sol. La celebración del Inti Raymi duraba 15 días, en los cuales había danzas, culto a los ancestros, consumo de bebidas, ceremonias y sacrificios (Eeckhout, 2004).

Viracocha, el octavo Inca. Óleo sobre lienzo 1750-1800 (Fuente: Brooklyn Museum).

En la época de los incas, esta ceremonia se realizaba en la plaza Huacaypata, con la asistencia de toda población de la ciudad. El solsticio de invierno en el hemisferio sur es el día más corto y la noche más larga del año. Durante el periodo incaico este día era fundamental pues era el punto de partida del nuevo año, que se asociaba con los orígenes de los incas. Garcilaso de la Vega escribió que el Inti Raymi era una festividad con alto contenido político porque legitimaba la sujeción de los pueblos cometidos al imperio inca. Los líderes de los pueblos conquistados repetían todos los años su lealtad al soberano inca yendo a la festividad del Inti Raymi. La preparación de la festividad era estricta, pues en los previos tres días no se comía sino un poco de maíz blanco, crudo y unas pocas de yerbas que llamadas chúcam y “agua pura” (¿aguacolla?). En todo este tiempo no encendían fuego en toda la ciudad y se abstenían de dormir con las mujeres. El mismo día del Inti Raymi el rey inca y sus parientes esperaban descalzos la salida del sol en la plaza. Puestos en cuclillas, con los brazos abiertos, dando besos al aire y cantando recibían al Sol.

Inca Pachacútec rezando a Inti, el dios del Sol. Ilustración de Martín de Murúa (s. XVII).

La nobleza del imperio estaba presente pero nunca se mezclaban los orejones con los señores provincianos. Los curacas, líderes sometidos, entregaban las ofrendas que habían traído de sus tierras y luego el cortejo volvía a la plaza, donde se realizaba el masivo sacrificio del ganado ante el fuego nuevo que se encendía utilizando como espejo el brazalete de oro del sumo sacerdote. La carne de los animales era repartida entre todos los presentes, así como gran cantidad de chicha. Sería digno de verse el colorido de los vestidos, atuendos y plumajes que lucían gentes de tantas naciones, pues cerca de 300 fueron las que integraron el Imperio de los incas. Sobresalían los trajes guerreros, refulgentes de oro, plata y a veces de turquesas y esmeraldas. La versión de Garcilaso incide en la importancia que tenían los sacrificios del primer día para los agüeros. El detalle curioso es que los animales eran colocados en los altares mirando hacia el oriente, como para que el Sol observase los sacrificios. El soberano inca vestía de negro y se empezaba el baile, llamado cayo, en donde el pueblo bailaba tatuados de rojo oscuro. La chicha que bebían era fermentada en grandes tinajones de oro. Otro de los ritos en el Inti Raymi era la procesión de la Moroy Urco, huasca o cadena de oro de longitud extraordinaria. También se sacaba en procesión durante el Inti Raymi a las momias de los reyes (Stanic, 2013).

El último Inti Raymi con la presencia de último soberano inca Atahualpa fue el 21 de junio del año 1533. En 1572 el virrey Francisco Álvarez de Toledo prohibió el Inti Raymi por considerarla una ceremonia pagana y contraria a la fe cristiana. Pero se siguió realizando clandestinamente por todo el antiguo imperio inca. Hay referencias en las crónicas castellanas que pervivió hasta entrado el siglo XVII y que en algunas zonas andinas fue sustituida por otras ceremonias como el Corpus Cristi o la fiesta de Juan Bautista. En 1559 Juan Polo de Ondegardo observó la pervivencia de los cultos y ritos del Inti Raymi, manifiestos ocultamente en el Corpus Christi impuesto por los cristianos. Desde mediados del siglo XVII hasta mediados del siglo XVIII perdemos pista del recuerdo por el Inti Raymi.

REPRESENTACIÓN CONTEMPORÁNEA

En 1944, el intelectual y artista cuzqueño Faustino Espinoza Navarro realizó una reconstrucción histórica del Inti Raymi para atraer el flujo turístico a Cuzco y como parte de la semana de esta ciudad, la cual incluye el Corpus Christi. Se optó por cambiar la fecha original (solsticio del 21 de junio) por el 24 del mismo mes. La reconstrucción se basa en la crónica de Garcilaso de la Vega y solo se refiere a la ceremonia político-religiosa. Desde esa fecha en adelante, la ceremonia vuelve a ser un evento público y de gran atractivo turístico.

Cada 24 de junio, en la ciudad de Cuzco se hace una representación incaica de la Fiesta del Sol (Foto: PromPerú).

La representación, en la que intervienen miles de personas, empieza frente al Coricancha, donde un actor “soberano inca” hace una invocación al Sol. Los turistas esperan en la explanada de Sacsayhuamán, hacia la que el cortejo se desplaza de inmediato. El soberano inca llega al lugar transportado en una litera por grupos que representan a los pobladores de los cuatro suyos. Después se procede al sacrificio de una alpaca y el soberano inca invoca a su padre el Sol. Esta nueva versión del Inti Raymi es un espectáculo de derroche de colorido, música y danzas (Pérez, 2006).

EL INTI RAYMI EN SHURACPAMBA

Las celebraciones al Sol se han inscrito en distintos pueblos agrícolas de los Andes, Perú, Bolivia o Ecuador están marcados por el Inti Raymi. Pero en Shuracpamba (Ecuador) se aplica el diseño lakota en el cual los danzantes bailan al sol durante todo el día alrededor del árbol de la vida donde colocan todos sus rezos. Esta danza se realiza con un ayuno de comida y bebida y es considerada uno de los rezos más fuertes dirigidos al bienestar grupal. El Inti Raymi es el ritual que tiene mayor acogida a las familias por su forma de baile. Los niños, niñas, embarazadas y personas ancianas que participan en la danza no tienen porque ayunar. La convivencia se inicia el día anterior y no termina hasta el día posterior y es un espacio ideal para compartir conocimientos sobre esta tradición. La danza durante todo el día, la falta de agua, el sampedrillo y el temazcal (que es una sauna que representa el útero de la madre, diseñado para reproducir por un periodo de entre 2 y 4 horas el proceso de gestación y nacimiento de una persona) ofrecen un conocimiento que los taitas llaman “tiempo circular” que puede ser analizado sólo a través del pensamiento simbólico.

Danzantes de la primera puerta (Foto: David Díaz).

Durante el ritual de la danza al sol se canta, se baila, se bebe aguacolla. La unión de todo esto va a generar un trance grupal. Esta fiesta está relacionada con el inicio de la cosecha, ya que el ritual se realiza en el mes de junio. Además del carácter festivo y de dar las gracias a la Madre Tierra por las cosecha el proceso de sincretismo lakota ofrece adicionalmente un carácter guerrero. El Inti Raymi en Shuracpamba (Ecuador) es creador de hombres y mujeres fuertes preparados para soportar lo que les venga. La hacienda de Shuracpamba pertenece al taita Alejo, uno de los chamanes más prestigiosos en la ciudad de Cuenca (Ecuador). Este espacio congrega durante todo el año a hombres y mujeres de medicina que se reúnen para apoyar los distintos rituales que ahí se realizan. Shuracpamba es un pequeño pueblo ubicado a 30 minutos de Susudel, en el camino que conecta la ciudad de Cuenca y Loja.

El taita Alejo durante los años 80 del siglo XX experimentó con la aguacoya. Su entrenamiento como chamán y curandero aumentó con la llegada del mexicano Aurelio Díaz Tekpankalli, quien hace dos décadas trajo a Ecuador un diseño chamánico de la tradición lakota estadounidense. A partir de este momento se reavivaron una serie de ritos y se fue construyendo una red de personas de medicina. El intercambio con el norte se fue profundizando con estancias de taitas y mamas en México y Estados Unidos. El taita Alejo vive una vida sencilla en el campo en donde ahora siembra “hombres y mujeres” (Bravo Díaz, 2014).

Taita Polibio (Foto: David Díaz).

El Inti Raymi es una vivencia de tipo experiencial, quien no lo vive en carne propia no lo llegará a entender. Tan solo la participación en estas danzas tiene el conocimiento que éste transmite. En los años 70 del siglo XX la fiesta del Inti Raymi estuvo a punto de extinguirse. Los ancianos andinos y algunos de sus herederos rememoraban con pesar el esplendor de esta tradición que empezaba a desaparecer. Afortunadamente la persistencia de sus mensajes, la vitalidad de los ritmos y danzas ancestrales, así como su espiritualidad, motivó a las nuevas generaciones (que para entonces habían conformado grupos de música, danza, teatro o entidades culturales) a recuperar este patrimonio cultural, que en la actualidad ha logrado consolidarse en todas sus expresiones.

Es una fiesta espiritual, nutrida de una riqueza simbólica, una de ellas es la renovación de energías en las personas y los instrumentos que se interpretan. Representa el movimiento de la tierra con sus giros de rotación y traslación. También encarna el símbolo de la sabiduría a través de la danza de la serpiente en la celebración del Inti Raymi.

EL CÍRCULO SAGRADO EN ZHURACPAMBA

La fiesta del Inti Raymi documentada tuvo lugar en el Círculo Sagrado de Zhuracpamba en la provincia del Azuay, junto con los hermanos del pueblo Saraguro. La fiesta estuvo sostenida por los taitas Juan y Alejo Valdivieso y el Diablo Uma.

Cada danzante debe traer además de los rezos, los frutos cosechados en este año para hacer el altar alrededor del Árbol de la Vida. Por eso se recomienda que los danzantes lleven ofrendas de frutos, sahumerios, flores para ofrecer a la Madre Tierra y el Árbol de la Vida. De igual manera, se pide que los danzantes que van a bailar por cuarta vez les confirmen su participación porque siempre tienen preparado una sorpresa de parte del Círculo Sagrado de Zhurakpamba.

El Diablo Uma es parte de la dualidad de la cosmovisión andina (Foto: David Díaz).

Los ritmos, las canciones y la decoración que les van ayudar en este vuelo mágico para encontrarse con ellos mismos son las canciones sagradas, el sanjuanito y chashpishka saraguro. Este ritmo provoca un movimiento de dos tiempos sostenido en el zapateo armonizado. La posición de los pies les permite a los danzantes sostenerse hasta el final. La danza empezó con el temazcal a las 5 de la mañana. La danza comenzó a las 7 de la mañana y no terminó hasta las 6 de la tarde. Más de 12 horas bailando sin parar y sin beber agua. Y se termina con el temazcal de cierre.

Se pagó una módica inscripción para costear los gastos de los músicos, la chicha, la pampamesa, el trago, la aguacolla, los dos temazcales (el de inicio y el de fin) y la movilización de los taitas que les apoyan en los rezos. El coro y los músicos estuvieron bajo la dirección de la mama Delfina Gualán e Iván Navarro.

Rezos que ofrecen los danzantes (Foto: David Díaz).

La danza del Inti Raymi se realiza durante el día con los primeros rayos del sol hasta que éste se oculta. Antes de iniciar los danzantes que van a participar de la fiesta, deben haber elaborado 52 rezos. Estos rezos son pequeños atados de tabaco en tela de color amarillo que simbolizan las 52 naciones del planeta según su cosmología. Los rezos se colocan envueltos en el árbol alrededor del cual se danza. El propósito de estos rezos es sostener a los danzantes durante todo el día a través del propósito o la intención de su petición al Gran Espíritu.

Para iniciar la danza, músicos, danzantes y demás participantes deben entrar al temazcal de purificación. Temazcal o “casa de vapor” representa el vientre de nuestra madre, donde se entra a nacer de nuevo y recordar quiénes somos. Una vez terminado el temazcal, los danzantes deben estar descalzos, vestidos con sus bellas galas para celebrar: ponchos, enaguas, fajas y collares de mil colores ¡Es el momento de danzar!

La danza consiste en cuatro “puertas” intervalos de tiempo, como en el ritual de Pawkar Raymi (Díaz Arcos et al, 2016). Esto representa las cuatro direcciones sagradas. Antes de ingresar al círculo los danzantes se alinean en cuatro filas. El Diablo Uma es el encargado del orden y que cada cual cumpla su función dentro de la celebración. Una vez listo el fuego sagrado que es resguardado por el taita Alejo, los danzantes pueden ingresar al círculo donde antes de empezar beben la medicina sagrada de los antepasados. Es la aguacolla, más conocida también como San Pedro, el cactus sagrado que abre puertas.

Se danza al ritmo del tambor, guitarra y los cantos de las mamas. Al finalizar cada puerta los danzantes pueden descansar, también pueden beber más aguacolla si el taita cree necesario. Existen otras medicinas ancestrales que se usan durante la danza como el soplar aguardiente o inhalar “rape” (tabaco en polvo). Para esto solo los taitas o el Diablo Uma pueden dar medicinas, incluyendo el agua.

Una vez finalizadas las cuatro puertas la ceremonia concluye con un temazcal que cierra la celebración. Así todos los danzantes y participantes pueden reafirmar su propósito con su vida y con el Gran Espíritu.

Es importante señalar que esta fiesta con el paso del tiempo ha acogido a más personas, no solo de la comunidad andina sino del mundo. En Ecuador la mayoría de provincias ubicadas en la cordillera la celebran, cada cual de una manera diferente, cambiando ciertos elementos característicos de su zona, pero manteniendo el mismo propósito: ¡Danzar la vida! Por último agradecemos a los taitas, mamas, músicos y danzantes por permitir documentar esta fiesta ancestral y sagrada.

 

Bibliografía

Bravo Díaz, A.E. (2014). Cuando los saberes se hacen audibles: la transmisión del conocimiento en el Ecuador del siglo XXI. Tesis de maestría. Quito, FLACSO.

Díaz Arcos, D.; Allen-Perkins Avendaño, D.; Hinojosa Becerra, M. y Marín Gutiérrez, I. (2016). El Pawkar Raymi, la celebración del nuevo tiempo. Cannabis Magazine. 143: 88-93.

Eeckhout, P. (2004). Reyes del sol y señores de la luna: inkas e ychsmas en Pachacámac. Chungará (Arica), 36 (2): 495-503.

Marín Gutiérrez, I.; Hinojosa Becerra, M.; López Fernández, A. y Carpio Jiménez, L.K. (2015). El San Pedro y la mujer Saraguro. La medicina tradicional aplicada por la yachakkuna. Conferencia en el VII Congreso Virtual sobre Historia de las Mujeres, en Jaén. DOI: 10.13140/RG.2.1.2523.9763

Pérez, B. (2006). Turismo y representación de la cultura: identidad cultural y resistencia en comunidades andinas del Cusco. Anthropologica, 24: 29-49.

Stanic, A. (2013). Los elementos subversivos de la fiesta colonial unificadora: el caso de la fiesta del Corpus Christi dentro del diseño estratégico de la escritura del Inca Garcilaso de la Vega. Pamplona, Universidad de Navarra.

Isidro Marín
Ha sido profesor Asociado del Departamento de Sociología y Trabajo Social en la Universidad de Huelva (España) durante diez años (2003-2013). Profesor Tutor con Venia Docendi en el Centro Asociado de la UNED de Huelva (España) (2006-2013). Actualmente es Docente investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) (Ecuador). Es profesor en el Máster Internacional de Comunicación y Educación Audiovisual (UNIA/UHU).

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