En los últimos años los gobiernos de varios países andinos han realizado una serie de investigaciones cuyo objeto principal es la valorización y conservación del camino y el entorno. Para ello se basaron en estrategias basadas en necesidades, capacidades y realidades de las diferentes comunidades que están a lo largo del camino andino. Tanto Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Colombia como Ecuador están realizando gestiones para conseguir que esta vía inca sea considerada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Comunidad de Sisid Anejo. Foto: Javier Vázquez.

Este Camino Real de los Andes incluye muchos monumentos arqueológicos como es el caso de la fortaleza de Ingapirca en la provincia del Cañar en Ecuador. Fray Gaspar de Gallegos escribió en 1582 sobre los cañaris:

“Se llaman generalmente los cañares, porque tres leguas de aquí está un pueblo que se llama Hatum Cañar que quiere decir en la lengua Inca La provincia grande de los cañares; y allí dicen que en tiempo del inca Guaynacaba, había grandes poblaciones de indios y que allí era la principal cabeza de estos cañares; y así parece, porque en el día de hoy hay grandes y muy suntuosos edificios, y entre ellos una torre muy fuerte…”

Cerca de Ingapirca, a unos tres kilómetros, y para realizar nuestro artículo visitamos la comunidad de Sisid Anejo (Sisid significa “llanura en altura” y Anejo se debe a que este lugar fue uno de los principales centros religiosos, productivos y festivos en época colonial) ubicada a 8 kilómetros desde el centro poblado del cantón Cañar, a una altitud media de 3.500 metros sobre el nivel del mar; en pleno corazón de los Andes Ecuatorianos al suroeste de Ecuador. La comunidad de Sisid Anejo es una de las 21 Ayllus Kañaris (comunidades) pertenecientes a la parroquia de Ingapirca.

Este lugar se encuentra sobre fuertes pendientes desde una parte baja a 2.300 metros hasta una alta en la cumbres del páramo a 4.500 metros de altitud. Así que tenemos 2.000 metros de desnivel en pocos kilómetros. Barrancos marcados por caudalosas quebradas separan el territorio. Las altas cumbres conforman los límites superiores. También existen cerros intermedios de bastante altura donde se encuentra la laguna de Culebrillas o “Leoquina” a 3.940 metros sobre el nivel del mar. El agua es abundante y rezuma desde las lagunas, ríos, quebradas, acequias y canales. Nos encontramos muy cerca del Parque Nacional Sangay. Estamos a 80 kilómetros del aeropuerto más cercano, el de Cuenca. El lugar cuenta con un clima templado-frío, un ecosistema de subpáramo, y una temperatura promedio durante todo el año de entre 8 y 12 grados. La temperatura suele ser influenciada por la presencia de vientos fríos que provienen del lado noreste de las montañas.

Realización de labores agrícolas. Foto: Javier Vázquez.

Los cañaris son un pueblo aún primigenio en sus costumbres pero la mayoría vive en actuales construcciones de ladrillo con diseños arquitectónicos estadounidenses y españoles. Sobre los orígenes y su carácter se han escrito miles de páginas. Contiene ricas tradiciones mítico-religiosas, sometidas a procesos de aculturación, olvidados como muchos otros viejos pueblos pero con una fuerza social que los mantiene sólidos. Tras conversar en las noches estrelladas con los lugareños al calor de una fogata en nuestro hospedaje salen a relucir leyendas como el del carbunco (un gato negro con un diamante en la frente), el caso del Chusha Longo o los gagones (pequeños perros blancos que con el tiempo se ponen negros y feos). Nos contaron que los cañaris entendían el diluvio como el origen de su raza. Cuenta la leyenda que se salvaron dos hermanos en la cumbre de un monte. Otro mito afirma que los cañaris descienden de las culebras. La sagrada laguna de Culebrillas es el lugar donde surgió una serpiente que puso dos huevos y de donde salieron un hombre y una mujer, padres de la raza cañari.

Al investigar sobre este pueblo existe más información escrita sobre su pasado que sobre su presente. Pero la realidad actual de los cañaris amanece todos los días: sometidos a una naturaleza ruda, un clima complicado y el trabajo diario en el campo sin importar el sexo o la edad.

Sisid Anejo es considera una de las comunidades más antiguas del país. Es un pueblo dedicado principalmente a la agricultura y a la ganadería. Su vida cotidiana se basa en la producción de papas, oca, melloco, haba, cebada, maíz, avena, fréjol, trigo, cebolla blanca, ajo y quínoa; la mayor parte del territorio es utilizado para la siembra. Con el ganado trabajan con vacas, cerdos y en el procesamiento de lana de oveja para la elaboración de artesanías. Aunque también existen albañiles, artesanos, hilanderas, tejedoras o bordadoras. En sus tradiciones ofrecen comida comunitaria (la “pampamesa”), donde podemos degustar la chicha de Jora, el tashno, el ají, el dulce de oca, la yanushca o las papas con cuy que fue lo que comimos ese día.

Retrato de mujer cañari. Foto: Javier Vázquez.

Sisid Anejo estaba conformada por 434 personas divididas en unas 150 familias en el año 2010. El 98% es población indígena y el restante 2% es población mestiza, lo que conforma uno de los grupos cañaris más representativos. Tiene un sistema administrativo y organizativo basado en la conformación de un consejo de gobierno. Comparten sentimientos de formar parte de una comunidad, compartiendo un mismo sistema de prestaciones, una misma autoridad, liderazgo y una misma cosmovisión. Comparten los mismos bienes comunales y la misma realidad social. La forma de gobierno cañari se basa en un Congreso que elige cada año a un Cabildo; además existe un Consejo Comunal y las “mingas colectivas” donde deben participar un miembro de cada familia. Cuentan con asambleas para arbitrar asuntos excepcionales o corrientes que los Consejos posteriormente ejecutarán.

Los cañaris se identifican con una forma de vida comunitaria, con una lengua propia como es el kichwa-cañari, con leyendas de un pasado grandioso, con una arquitectura milenaria y una vestimenta única.

La vestimenta femenina cañari principalmente se compone del peculiar sobrero blanco ribeteado de lana de borrego prensada (muchiku), de forma semiesférica faldeada por una pequeña visera adornada por una elegante trenza con dos borlas de colores (señal de dualidad y de poder) y cintas que varían de tamaño y de color. Cuando el muchiku lleva cintas negras es señal de que la mujer está casada y si la cinta es blanca es que está soltera. Visten con faldas (polleras) que alcanzan hasta la rodilla con bordados grandes, con colores negro, rojo y azul. Suelen portar dos polleras de bayeta (tejido de lana de oveja). Blusas de colores brillantes y las camisas van elegantemente decoradas con bordados en los cuellos y en las mangas con imágenes de flores y de hojas.

En sus cuellos llevan wallkas o guashcas (gargantillas) de color rojo que están elaborados con mullos de piedra. También portan zarcillos de oro y plata cuyo diseño es en forma de pepa de zambo, collares de variado color y reboso o “kiklla”. Los bordados femeninos son los “churucos” que en la simbología cañari conforman el ciclo de la vida, sin principio ni fin, el tiempo eterno. Las cañaris suelen llevar largas y tupidas trenzas formando rombos con los cabellos intercalados con estambre de variados colores.

Retrato de mujer cañari. Foto: Javier Vázquez.

Los hombres suelen vestirse más occidentales ya no utilizan ninguna prenda de vestir típica pero para las ocasiones especiales visten un poncho corto con los colores de su comunidad. Los ponchos de rayas son propios de los días festivos y los de monocolor son los de trabajo.

Desde Sisid Anejo se puede practicar rutas de senderismo a la laguna de Culebrillas, también rutas a caballo, además podemos visitar toda la riqueza arqueológica y cultural de los cañaris. Desde aquí nos encontramos a pocos kilómetros de las ruinas inca-cañari de Ingapirca y los Baños del Inca. El Kapak Ñan está muy cerca y se encuentra bien conservado. Podemos observar el camino empedrado, las zanjas de drenaje y también las estructuras de los antiguos tambos. Otro lugar de recomendable visita es el Tambo Real o Paredones que se encuentra en la parte alta de la laguna de Culebrillas a 4.012 metros sobre el nivel del mar. Fue un lugar de descanso construido por los cañaris-incas donde se hospedaba el príncipe y los chasquis. Encontraremos el Labrasshcarrumy que es un conjunto de piedras labradas de gran tamaño cerca de la laguna de Culebrillas que sirvieron para la construcción de Paredones. Otro lugar lindo de ver es el cerro Yanahurco. Pared con pared de nuestra hospedería se encuentra la Iglesia Antigua Virgen de Guadalupe; es un pequeño santuario edificado hacia el año 1603. La iglesia está construida en adobe con fuertes muros que corona una pequeña torre de madera. Rodeando el pueblo encontramos los chaquiñanes o caminos de herradura donde los rumys (rocas) guardan en silencio los secretos de los grandes apus o sabios.

Una forma de sostenimiento económico que converge con sus tradiciones es la elaboración de artesanías. Considerada esta labor una de los principales fuentes de ingresos conjuntamente con el turismo comunitario que se viene desarrollando recientemente desde el año 2009. Desde la comunidad de Sisid Anejo se busca impulsar la formación local en nuevas capacidades y una de ellas es el turismo comunitario, más humano y equitativo y con un mayor cuidado medioambiental. Sus objetivos principales son buscar a través del turismo el fortalecimiento socio-económico, cultural y ambiental de la comunidad.

Banda musical de Sisid Anejo. Foto: Javier Vázquez.

El Centro de Turismo Comunitario Sisid Anejo ofrece una convivencia comunitaria, rutas de senderismo, pesca, rutas a caballo, rutas de mountain bikes y la posibilidad de participar en ceremonias ancestrales. Cuenta con 8 habitaciones con baños privados y agua caliente con una capacidad para 20 personas. Tiene una cocina en donde se ofrece al visitante exquisitos platos típicos, preparados con productos de la zona cultivados en los huertos orgánicos de la comarca. Entre sus menús encontramos sopa de arroz de cebada, zambo, quinua, habas, secos de trigo o arroz de cebada. Sus bebidas típicas son la chicha de Jora o el Pulcre. Es un espacio ideal para desconectar del mundanal ruido de la ciudad, conocer, aprender y disfrutar de una de las zonas más representativas del pueblo cañarí.

La hospedería se encuentra ubicada junto a las dos iglesias del sector Sisid Anejo, al norte se encuentra la comunidad Caguanapamba, al este se encuentra la antigua carretera de El Tambo-Ingapirca, al oeste está el sector Halu Pata y al sur se encuentra el antiguo camino hacia Halu Pata y Rrumy Loma.

El turismo comunitario en Ecuador se enmarca dentro del conjunto de estrategias de desarrollo local y nacional; gestión turística, rescate de culturas e incremento de alternativas de trabajo, reduciendo con ello el desempleo y paralelamente conservando los bienes naturales y patrimoniales con los que cuenta el país.

La “pampamesa” es una costumbre ancestral perteneciente a los pueblos andinos, la comunidad se ayuda y comparte la comida. Foto: Javier Vázquez.

El desarrollo del turismo comunitario es una forma de gestión que unifica tres perspectivas a considerar: una sensibilidad por el medio ambiente, la conservación del patrimonio cultural, la búsqueda de sostenibilidad del entorno, y el control práctico de la acción turística por parte de las comunidades. Se trata de un modo de realizar el turismo que busca equilibrar tanto la naturaleza como el entorno social autóctono, con una gestión y organización anclada en las comunidades. Este tipo de turismo debe concebirse tanto como una herramienta cualitativa y cuantitativa de crecimiento, que desembocará en el desarrollo de una sensibilidad por el medio ambiente y la cultura autóctona. La concepción comunitaria y el turismo es una de las claves que permiten ofrecer un servicio diferente a través de las comunidades.

Hablar de turismo comunitario es hablar de cultura, tradición, costumbres; es también saber dar y recibir. En la provincia de Cañar, así como en varios sitios del Ecuador se ha fomentado de manera activa formas de trabajo para familias que viven de la tierra, de la agricultura y sobre todo de sus tradiciones, las mismas que son parte de una herencia cultural que ha pasado de generación en generación.

 

Isidro Marín
Ha sido profesor Asociado del Departamento de Sociología y Trabajo Social en la Universidad de Huelva (España) durante diez años (2003-2013). Profesor Tutor con Venia Docendi en el Centro Asociado de la UNED de Huelva (España) (2006-2013). Actualmente es Docente investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) (Ecuador). Es profesor en el Máster Internacional de Comunicación y Educación Audiovisual (UNIA/UHU).

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